bucle tóxico

EL ASOMBROSO Y PELIGROSO BUCLE TÓXICO

El bucle tóxico entre humanos y perros: cuando provocamos aquello que queremos evitar.

En Walking Dogs hay una situación que observamos con frecuencia durante las asesorías a la que llamamos «el bucle tóxico» y que suele estar detrás de muchos problemas de convivencia.

Se trata de una dinámica muy común en la que, sin mala intención, los humanos provocamos estados de excitación y estrés en nuestros perros y, posteriormente, nos molestamos o corregimos precisamente las conductas que aparecen como consecuencia de ese estado emocional que ha creado el humano.

Es un círculo que se repite una y otra vez, por eso lo llamamos el bucle tóxico y que puede afectar al bienestar del perro, a la relación con su familia e incluso favorecer la aparición de problemas de conducta.

¿Qué es exactamente el bucle tóxico?

El funcionamiento es sencillo.

Todo comienza cuando el humano busca generar una reacción emocional intensa en el perro. Le animamos constantemente a jugar, le lanzamos pelotas de forma repetitiva, le excitamos con movimientos rápidos, le hablamos con una energía muy elevada o buscamos continuamente que esté activo y entretenido.

Desde nuestra perspectiva, estamos intentando que el perro se divierta, sea feliz o gaste energía.

Sin embargo, muchas veces lo que estamos provocando es una activación emocional excesiva.

Cuando el perro alcanza niveles elevados de excitación, su organismo libera hormonas relacionadas con el estrés y la activación. En ese momento comienza a comportarse de forma diferente:

  • Ladra más.
  • Corre de forma impulsiva.
  • Persigue estímulos en movimiento.
  • Tiene más dificultades para concentrarse.
  • Responde peor a las señales de su guía.
  • Se muestra más reactivo ante personas, perros, bicicletas o patinetes.
  • Puede aparecer frustración o impulsividad.

Y es precisamente entonces cuando muchos humanos reaccionan enfadándose, corrigiendo o castigando esas conductas.

El problema es evidente: primero generamos el estado emocional y después castigamos sus consecuencias. Esto es el famoso bucle tóxico.

 

La gran confusión: excitación no siempre significa felicidad

Uno de los errores más habituales es interpretar cualquier comportamiento intenso como una muestra de felicidad.

Vemos al perro correr de un lado a otro, mover la cola rápidamente, saltar, ladrar o perseguir objetos y asumimos que está disfrutando.

La realidad es bastante más compleja.

Un perro puede estar disfrutando de una actividad y al mismo tiempo encontrarse en un estado de activación demasiado elevado.

La excitación y el estrés no son necesariamente emociones negativas. Son mecanismos naturales del organismo. El problema aparece cuando estos estados se mantienen de forma frecuente o intensa y el perro tiene pocas oportunidades para volver a la calma.

Muchos perros viven hoy en una especie de montaña rusa emocional:

  • Paseos muy estimulantes.
  • Juegos extremadamente intensos.
  • Lanzamiento compulsivo de pelotas.
  • Interacciones constantes.
  • Falta de descanso de calidad.

Y después nos preguntamos por qué parecen incapaces de relajarse.

 

El ejemplo clásico: la pelota

Probablemente uno de los mejores ejemplos que genera el bucle tóxico sea el juego repetitivo de lanzar la pelota.

Muchos perros desarrollan una auténtica obsesión por este tipo de actividad.

Cuando aparece la pelota, su nivel de activación se dispara:

  • Fijan la mirada.
  • Tensionan el cuerpo.
  • Jadean.
  • Ladran.
  • Saltan.
  • Anticipan constantemente el lanzamiento.

En numerosas ocasiones hemos observado a personas enfadarse porque su perro ladra, tira de la correa o pierde el control justo antes de lanzar la pelota.

Sin embargo, esos comportamientos son precisamente la consecuencia del estado emocional que está generando el propio juego.

No estamos viendo un problema independiente.

Estamos viendo el resultado directo del estímulo que nosotros mismos hemos creado, el famoso bucle tóxico.

Es como pisar el acelerador de un coche y enfadarse porque aumenta la velocidad.

 

¿Por qué los perros toman peores decisiones cuando están muy excitados?

La respuesta tiene mucho que ver con el funcionamiento del cerebro.

Cuando un perro entra en un estado elevado de activación emocional, disminuye su capacidad para procesar información de forma calmada y reflexiva.

Su atención se estrecha.

Su capacidad de aprendizaje disminuye.

Aumenta la impulsividad.

Y aparecen con más facilidad las respuestas instintivas.

Por eso un perro que en casa responde perfectamente a una señal puede parecer «olvidarla» cuando está extremadamente excitado en el parque.

No es que se haya vuelto desobediente.

Simplemente su estado emocional dificulta que pueda pensar y responder de la misma manera.

De hecho, muchas conductas problemáticas tienen una relación directa con niveles elevados de estrés y activación:

  • Reactividad hacia perros.
  • Persecución de bicicletas o patinetes.
  • Ladridos excesivos.
  • Saltos sobre las personas.
  • Dificultades para gestionar la frustración.
  • Tirones de correa.

Si solo intentamos corregir la conducta sin atender al estado emocional que la provoca, estaremos atacando el síntoma y no la causa.

 

El perro tranquilo también es un perro feliz

Existe una idea muy extendida según la cual un perro feliz es un perro constantemente activo.

Pero si observamos a los perros que disfrutan de un buen bienestar emocional veremos algo diferente.

Los perros equilibrados descansan mucho.

Pasan largos periodos relajados.

Observan el entorno sin necesidad de reaccionar constantemente.

Pueden alternar momentos de actividad con momentos de calma.

La tranquilidad no es aburrimiento.

La calma es una necesidad biológica.

De hecho, un perro que sabe relajarse suele gestionar mucho mejor los estímulos del entorno, aprender con mayor facilidad y afrontar situaciones nuevas de forma más equilibrada.

 

Cómo salir del bucle tóxico

La buena noticia es que este ciclo puede romperse.

Todo empieza por cambiar nuestra manera de entender la relación con el perro.

1. Valora la calma

Empieza a apreciar los momentos en los que tu perro está tranquilo.

No hace falta entretenerlo constantemente.

No necesita estar haciendo algo todo el tiempo.

Aprender a descansar también forma parte de una vida saludable.

2. Reduce los juegos excesivamente excitantes

No significa eliminar el juego.

Significa utilizarlo con equilibrio.

Alterna actividades intensas con otras más pausadas y enriquecedoras.

Los juegos de olfato, búsqueda o exploración suelen generar una activación mucho más saludable que las persecuciones repetitivas.

3. Observa las emociones antes que la conducta

Cuando aparezca un comportamiento que no te gusta, pregúntate primero:

«¿Cómo se siente mi perro ahora mismo?»

Muchas veces la respuesta estará en su estado emocional y no en una supuesta falta de educación.

4. Sé una fuente de calma

Los perros aprenden muchísimo de nuestro comportamiento.

Si nosotros transmitimos prisa, nerviosismo y excitación constante, será más difícil que ellos desarrollen habilidades de autocontrol.

La calma también se contagia.

5. Respeta los tiempos de descanso

Los perros necesitan muchas horas de sueño y reposo cada día.

Un perro cansado física o emocionalmente suele tener más dificultades para gestionar el estrés.

El descanso no es un premio.

Es una necesidad básica.

 

Una reflexión final

Quizá una de las preguntas más importantes que podemos hacernos como tutores es esta:

¿Estoy ayudando a mi perro a sentirse mejor o estoy contribuyendo a que viva constantemente activado generando el bucle tóxico?

Muchas veces los problemas que intentamos corregir aparecen porque, sin querer, estamos alimentando las emociones que los provocan.

Cuando comprendemos esto, cambia por completo nuestra forma de relacionarnos con ellos.

Empezamos a valorar más la calma que la excitación.

Más el equilibrio que la intensidad.

Más el bienestar emocional que el simple cansancio físico.

Y entonces descubrimos algo muy interesante: muchos de los comportamientos que queríamos eliminar empiezan a disminuir por sí solos.

Porque cuando reducimos el estrés, el perro puede volver a pensar, aprender y convivir de una forma mucho más saludable.

En Walking Dogs lo vemos constantemente: detrás de muchos problemas de conducta hay un perro que simplemente necesita menos excitación y más calma en su vida, asi que hay que valorar si somos las personas las que estamos constantemente provocando este bucle tóxico que tantos problemas de conducta genera en los perros.

 

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