ejercicio

¿NECESITAN LOS PERROS HACER TANTO EJERCICIO?

¿Necesitan los perros tanto ejercicio como nos han hecho creer?

Uno de los consejos más repetidos en el mundo canino es que los perros necesitan mucho ejercicio para estar equilibrados.

Si un perro está nervioso, se recomienda cansarlo.

Si tira de la correa, más ejercicio.

Si ladra demasiado, más ejercicio.

Si parece inquieto, más ejercicio.

Durante años se ha extendido la idea de que el cansancio físico es la solución a gran parte de los problemas de comportamiento. Sin embargo, la experiencia práctica con cientos de perros y familias nos lleva a reflexionar sobre una cuestión importante:

¿Y si en muchos casos estamos confundiendo las necesidades reales del perro con nuestras propias creencias sobre cómo debería gastar energía?

Quizá la pregunta no sea cuánto ejercicio necesita un perro, sino qué tipo de actividad necesita realmente para sentirse bien.

 

El ejercicio no es bueno por definición

Cuando hablamos de ejercicio físico solemos asumir automáticamente que cuanto más mejor.

Sin embargo, igual que ocurre con las personas, el ejercicio solo es beneficioso cuando existe una necesidad real y se realiza de forma adecuada.

Hacer poco ejercicio puede ser perjudicial.

Pero hacer demasiado también.

La intensidad, la frecuencia, la edad del perro, su estado emocional, sus características físicas y su situación particular son factores que deberían tenerse en cuenta antes de establecer cualquier rutina.

Por desgracia, muchas actividades que realizamos habitualmente con nuestros perros suelen estar guiadas más por modas o creencias populares que por las necesidades reales del animal.

Lanzamientos repetitivos de pelota.

Carreras de larga duración.

Sesiones intensas de bicicleta.

Patines.

Juegos extremadamente excitantes.

Actividades que, en muchas ocasiones, son decididas por el humano y no por el perro.

 

La diferencia entre ejercicio libre y ejercicio inducido

Existe una diferencia importante entre el ejercicio que el perro decide realizar por iniciativa propia y el ejercicio provocado directamente por nosotros.

Cuando un perro dispone de libertad para explorar un entorno seguro, suele alternar diferentes comportamientos:

  • Caminar.
  • Olfatear.
  • Observar.
  • Descansar.
  • Interactuar con otros perros.
  • Correr ocasionalmente.
  • Jugar durante algunos momentos.

Todo ello ocurre de forma natural y autorregulada.

El perro decide cuándo aumentar la intensidad y cuándo reducirla.

Decide cuándo parar.

Decide cuánto tiempo quiere mantener una actividad.

Sin embargo, cuando aparece el ejercicio inducido, la situación cambia.

Somos nosotros quienes marcamos el ritmo.

Somos nosotros quienes decidimos la duración.

Somos nosotros quienes aumentamos la intensidad.

Y muchas veces el perro continúa participando porque la actividad genera una elevada activación emocional, no necesariamente porque su cuerpo necesite seguir realizándola.

 

¿Por qué las pelotas generan tanta controversia?

La pelota probablemente sea uno de los ejemplos más conocidos.

Muchos perros desarrollan una enorme motivación hacia este tipo de juego.

A simple vista parece una actividad fantástica:

El perro corre.

Se mueve.

Parece divertirse.

Regresa rápidamente para repetir.

Pero detrás de esa imagen pueden existir algunos aspectos que merece la pena analizar.

En numerosos casos el perro entra en un estado de activación muy elevado.

Su atención se focaliza por completo en el objeto.

Aparecen conductas compulsivas.

Aumenta la tensión muscular.

Y el deseo de repetir el lanzamiento puede volverse prácticamente inagotable.

El problema es que solemos interpretar esta motivación extrema como una señal inequívoca de bienestar.

Sin embargo, no siempre es así.

Muchas actividades altamente estimulantes generan respuestas similares a las que observamos en otros procesos relacionados con la excitación y el estrés.

Por eso resulta importante diferenciar entre diversión saludable y activación excesiva.

 

Los perros no hacen maratones

Cuando observamos a perros interactuando libremente entre ellos, encontramos un patrón muy diferente al que solemos imponer los humanos.

Los perros corren.

Por supuesto que corren.

Pero normalmente lo hacen durante periodos cortos.

Alternan momentos de intensidad con pausas.

Cambian constantemente de actividad.

Se persiguen.

Descansan.

Vuelven a jugar.

Olfatean.

Exploran.

Y vuelven a moverse cuando les apetece.

Su comportamiento natural rara vez consiste en mantener una actividad física intensa durante treinta o cuarenta minutos seguidos.

Sin embargo, muchas de las rutinas modernas de ejercicio canino se basan precisamente en eso.

Carreras continuadas.

Kilómetros de bicicleta.

Lanzamientos repetitivos durante largos periodos.

Sesiones estructuradas donde el perro apenas tiene capacidad para decidir.

Esto no significa que ningún perro pueda disfrutar de determinadas actividades deportivas junto a su familia.

Significa que debemos preguntarnos si esa actividad responde realmente a sus necesidades o a nuestras expectativas.

 

El mito del perro cansado

Existe otra idea muy arraigada: un perro cansado es un perro equilibrado.

Y aunque el cansancio puede reducir temporalmente algunas conductas, no necesariamente mejora el bienestar emocional.

De hecho, cansancio y equilibrio son conceptos completamente distintos.

Un perro agotado puede mostrarse más tranquilo simplemente porque tiene menos energía para reaccionar.

Pero eso no significa que haya aprendido a gestionar mejor el entorno.

No significa que se sienta más seguro.

No significa que haya desarrollado un mayor autocontrol.

El cansancio es un estado fisiológico.

El equilibrio emocional es otra cosa.

Si observamos a las personas, resulta fácil comprenderlo.

Cuando estamos extremadamente cansados solemos tener menos paciencia, menos capacidad de concentración y menos recursos para afrontar situaciones complejas.

Con los perros puede ocurrir algo parecido.

 

El cuerpo se adapta al ejercicio

Otro aspecto que rara vez se menciona es que el organismo desarrolla tolerancia al ejercicio.

Cuanto más acostumbrado está un perro a determinadas rutinas físicas, mayor capacidad desarrolla para realizarlas.

Esto significa que la estrategia de «cansarlo» puede convertirse en una carrera sin meta.

Lo que inicialmente parecía suficiente deja de serlo.

Necesitamos más tiempo.

Más intensidad.

Más distancia.

Más repeticiones.

Y aun así el perro sigue mostrando los mismos comportamientos que pretendíamos solucionar.

Porque en muchas ocasiones el problema original no estaba relacionado con una falta de ejercicio.

 

Cuando el problema es emocional y no físico

Muchos comportamientos que solemos atribuir a un supuesto exceso de energía tienen en realidad un importante componente emocional.

Perros que ladran constantemente.

Perros reactivos.

Perros impulsivos.

Perros incapaces de relajarse.

Perros obsesionados con determinados estímulos.

En numerosas ocasiones el origen está relacionado con niveles elevados de estrés, frustración o activación emocional.

Si utilizamos más ejercicio intenso como solución, corremos el riesgo de alimentar precisamente el estado que queremos reducir.

Por eso cada vez más profesionales ponen el foco en aspectos que tradicionalmente han recibido menos atención:

  • El descanso.
  • La calma.
  • La exploración libre.
  • El enriquecimiento ambiental.
  • El olfato.
  • La capacidad de elección.
  • La gestión emocional.

El mejor ejercicio puede ser la libertad de elegir

Cuando soltamos a un perro en un entorno seguro y adecuado suele ocurrir algo interesante.

No todos los días hace lo mismo.

Hay días en los que corre más.

Hay días en los que apenas corre.

Hay días en los que juega intensamente.

Otros en los que dedica gran parte del tiempo a olfatear.

Y eso es precisamente lo que cabría esperar de un ser vivo con necesidades cambiantes.

Los perros jóvenes suelen mostrar más interés por el juego físico.

Los adultos suelen equilibrar mejor actividad y descanso.

Los perros mayores reducen naturalmente la intensidad.

Cuando permitimos que el propio perro participe en estas decisiones, es mucho más probable que la actividad se ajuste a lo que realmente necesita en cada momento.

 

¿Y qué pasa con los llamados perros enérgicos?

Quizá uno de los términos más utilizados y peor comprendidos sea el de «perro enérgico».

Muchas veces etiquetamos así a perros que viven en estados de activación elevados de forma habitual.

Pero conviene preguntarse algo.

Si ese mismo perro pudiera pasear relajado, explorar con calma y gestionar mejor sus emociones, ¿seguiríamos definiéndolo como un perro enérgico?

En algunos casos sí.

Por supuesto que existen diferencias individuales.

Pero en muchos otros descubrimos que detrás de la supuesta energía inagotable existe simplemente un perro acostumbrado a vivir constantemente activado.

 

Una reflexión final

Los perros necesitan movimiento.

Necesitan actividad física.

Necesitan oportunidades para correr, jugar y desarrollar sus capacidades naturales.

Pero eso no significa que necesiten sesiones interminables de ejercicio inducido ni que el cansancio sea el objetivo principal de cada paseo.

Quizá la verdadera pregunta no sea cuánto ejercicio necesita nuestro perro, sino cuánto espacio le damos para decidir por sí mismo cuándo quiere moverse, cuánto quiere correr y cuándo simplemente quiere parar a observar el mundo.

Porque muchas veces el mejor ejercicio no es el que imponemos.

Es el que el propio perro elige realizar cuando tiene la oportunidad de hacerlo.

Y quizás ahí se encuentre una de las claves más importantes para su bienestar físico y emocional.

 

¿Necesitas ayuda personalizada? No te quedes solo con la información del blog. En nuestra sección «¿Cómo trabajamos?« te explicamos paso a paso cómo transformamos la relación con tu perro con sesiones a domicilio, sesiones practicas adaptadas a la necesidad de cada familia.

¡Cualquier duda, puedes ponerte en contacto con nosotros, estaremos encantados de intentar ayudarte!

asesoramiento

ASESORAMIENTO CANINO EN VALENCIA | Cómo Trabajamos y Tarifas

SESIONES DE ASESORAMIENTO CANINO

 

PRIMERA SESIÓN DE ASESORAMIENTO: HOGAR

Para dar un servicio de asesoramiento de calidad, entender a los tutores y que luego nos entiendan primero debemos escucharos.

Vamos a vuestro hogar, conocemos a la familia y la casa donde vive el perro. Utilizando un amplio cuestionario recopilamos información sobre el perro, la familia, el hogar y toda la información que nos pueda resultar útil para un buen asesoramiento.

Tras recopilar la información necesaria con el cuestionario, ayudamos a la familia a entender a su perro, los motivos principales de la visita, sus comportamientos, porque tiene ciertas conductas u otras, respondemos a todas las dudas posibles y explicamos qué hacer y qué no hacer para que las cosas vayan lo mejor posible.

También os explicamos los beneficios y los inconvenientes de cualquier cosa relacionada con el perro.

Para finalizar os dejamos información sobre todo lo hablado y unas pautas para empezar a trabajar. Además de las explicaciones os dejamos información por escrito.

En esta primera sesión de asesoramiento queremos que la familia entienda a su perro y el porqué de sus comportamientos relacionados con los motivos de nuestra visita. Es imposible ayudar a los perros si no entendemos que les está pasando y como podemos ayudarles.

En la primera sesión de asesoramiento no solemos salir de casa salvo excepciones.

 

SEGUNDA SESIÓN DE ASESORAMIENTO: PASEO

En la siguiente cita, si la familia quiere y lo ve necesario, salimos a la calle para valorar tanto al perro como a los tutores en la calle y hablamos sobre los temas relacionados con mejorar la parte del paseo.

El paseo es una parte muy importante en la vida de los perros, se da a diario, y en muchas ocasiones los motivos por los que nos llaman las familias son relacionados con el paseo, pero no podemos salir a pasear y ayudarles si antes no les hemos ayudado a entender que le pasa al perro, el porqué de sus comportamientos en el paseo y como debemos de empezar a trabajar para solucionar esos comportamientos.

 

TERCERA SESIÓN DE ASESORAMIENTO: SOCIALIZACIÓN

Si es necesario, porque el caso lo requiere y la familia lo ve necesario, quedamos en algún parque adecuado para poder valorar y mejorar la socialización, que es un pilar muy importante en el bienestar de los perros.

Trabajar y mejorar la socialización por la calle con las correas no es lo más adecuado por falta de libertad para el perro y porque el entorno no es muy tranquilo y seguro para ellos.

Los perros necesitan espacios grandes y seguros para poder socializar de manera correcta, y mediante esas experiencias adquirir esa habilidad social que hará que cuando se den encuentros por la calle con otros perros con la correa el perro sepa gestionarlo de la mejor manera.

 

DURACIÓN Y PRECIOS DE LAS SESIONES DE ASESORAMIENTO

La primera sesión que realizamos en el domicilio dura 2 horas (a veces un poco más): 90 €.

Las siguientes sesiones duran 1 hora (a veces un poco más) 45 €.

Ninguna sesión es obligatoria, pero pensamos que son necesarias al menos dos; la primera que realizamos en casa donde abordamos todas las cuestiones por las que nos llaman, damos toda la informacion y ponemos las pautas para empezar a trabajar y la siguiente para ver la evolucion, resolver dudas, o ver con las citas de paseo o socialización lo que la familia necesite.

Hay veces que con dos sesiones la familia poco a poco nota mejoria y en otras ocasiones hay que hacer alguna cita más para hacer seguimiento, o reforzar algo, cada caso es distinto.

Tras la primera sesión de asesoramiento mantenemos el contacto por WhatsApp o llamada para cualquier duda que surja y para concertar las siguientes citas. Es responsabilidad del cliente mantenernos informados.

NO EMPLEAMOS NINGUNA TÉCNICA O INSTRUMENTO QUE PUEDA DAÑAR FÍSICA O EMOCIONALMENTE AL PERRO.

Nuestra función es dar un buen asesoramiento a los tutores para que entiendan a los perros, les aporten bienestar, tengan una relación sana con ellos y que convivan con los mínimos problemas posibles.

Nuestra función NO es adiestrar a los perros para hacer que los perros obedezcan con órdenes tipo «a mi lado», «siéntate», «dame la pata», «tumbate».

 

¡Cualquier duda, puedes ponerte en contacto con nosotros, estaremos encantados de intentar ayudarte!

petardos

PERROS Y PETARDOS

El sonido de los petardos puede ser aterrador para muchos perros. 

Sus oídos sensibles captan los ruidos fuertes y repentinos, lo que puede causarles ansiedad y estrés.

A nosotros mismos, cuando suena un petardo o una traca y nos pilla por sorpresa también podemos tener una reacción de miedo, imaginaros eso escuchandolo 10 veces más y sin saber que realmente es una traca o un petardo, posiblemente nos asustáramos mucho más. 

En Valencia, a parte de la época de fallas que evidentemente son entre 15 y 20 días de petardos, tracas, mascletás y castillos nocturnos continuos y que afecta mucho a los perros, durante todo el año son muchas las ocasiones en las que se siguen utilizando los efectos pirotécnicos, ya sea por la celebración de un festejo, un gol, o cualquier evento…

A continuación, vamos a recomendar algunas estrategias para ayudar a los perros a gestionar este miedo de la mejor manera posible.

 

Crear un refugio o zona segura.

Proporciona a tu perro un lugar seguro y cómodo donde pueda esconderse cuando comiencen los petardos. 

Bajar las persianas al máximo, cerrar ventanas todo lo herméticamente posible, para amortiguar y aislar al máximo los ruidos, sería el primer paso para ayudarle a reducir la potencia con la que se oirán los petardos.

El uso de luces tenues también puede ayudarles, hay perros que quizás con la oscuridad lo lleven mejor o peor, pero una luz tenue relajante sería una buena opción.

Pon su cama, mantas, bebederos y demás utensilios que suela usar para su descanso en la habitación más alejada o aislada de los ruidos, normalmente los baños o habitaciones interiores suelen ser las más alejadas de las ventanas.

Puede ser una habitación tranquila de la casa, un transportín o una cama cómoda en una esquina o debajo de la mesa, según lo que vuestro perro os indique. 

Puede que un perro prefiera estar en el baño y otro en su transportín o debajo de la mesa de la cocina, a cada cual, lo que le aporte más seguridad, y debe de tener la posibilidad de elegir y no ser nosotros el que le forcemos a estar en una zona si realmente no es la que al perro le resulta la más segura.

Siempre tiene que tener la posibilidad de poder salir y entrar de este entorno seguro, es decir; no cerraremos la puerta del baño o del transportín ( por poner un ejemplo ) para que pueda tener opción de salir si lo necesita.

Asegúrate de que este espacio esté alejado del ruido tanto como sea posible.

 

Usa ruido blanco o música relajante

El ruido blanco o la música suave pueden ayudar a amortiguar los sonidos de los petardos. 

Hay muchos estudios que aseguran que el uso de música adecuada puede ayudar a los perros a bajar sus niveles de estrés.

Hay listas de reproducción y aplicaciones específicas diseñadas para calmar a los perros. También puedes dejar la televisión o la radio encendidas a un volumen bajo.

En un directo que hicimos varios educadores caninos sobre este tema, un consejo fue que durante todo el año podríamos habituar a los perros a la música rock/heavy en los que el uso de batería es muy frecuente, para que cuando llegan estos episodios de petardos, al usar esta música y el perro ya estar habituado, puede que los golpes de batería de este tipo de música en un volumen alto pueden disimular los efectos sonoros de los petardos.

La música clásica es también muy utilizada, música usada para el yoga o retiros espirituales, aquí habría que ver cual es la que más beneficios le aporta a nuestro perro en particular, recordar que cada perro es distinto y lo que le puede funcionar a un perro puede no servirle a otro.

 

Mantén la calma y sé un buen ejemplo

Los perros son muy perceptivos y pueden captar el estrés y la ansiedad de sus dueños. Trata de mantener la calma y actuar con normalidad.

Aportar calma, permanecer a su lado de manera tranquila puede ayudarle.

Si a tu perro, le calma hablarle en un tono tranquilo y reconfortante o acariciarle hace que se relaje no dudes en hacerlo.

 

Paseos y juegos mentales

Hacer algún paseo antes de las horas de los efectos pirotécnicos sería también algo a tener en cuenta, en estos paseos debería de tener la posibilidad de ejercitarse si es necesario, tanto físicamente como mentalmente.

Si por ejemplo, podemos ir a la playa o a un entorno lo más natural posible para que cubra sus necesidades, haga el deporte físico que le apetezca y acabamos la actividad con un paseo en el que pueda dedicarse a olfatear para llegara casa lo más relajado posible, le ayudará posiblemente a hacer una mejor gestión del el episodio de miedo que aparecerá en un futuro.

Juegos de olfato, rompecabezas para perros y sesiones de enriquecimiento ambiental, pistas de confianza en casa, antes de estos episodios de ruidos por petardos también pueden ayudar.

 

Productos Calmantes

Existen productos en el mercado diseñados para calmar a los perros durante situaciones estresantes, como chalecos de presión, feromonas y suplementos naturales.

Los chalecos de presión, como el Thundershirt, aplican una presión suave y constante que puede tener un efecto calmante.

Complementos nutricionales como CBD, triptófano, valeriana, pasiflora.

Snacks naturales adaptados a sus características (tamaño, dureza..) también puede ayudarles a reconducir esos momentos tan estresantes, siempre y cuando el perro no se vea muy bloqueado por sus miedos, pero darle la opción de usarlos sería una herramienta más

Las feromonas, disponibles en difusores o collares, imitan las sustancias naturales que producen las madres para calmar a sus cachorros.

Aceites esenciales como lavanda, geranio, frankincense, ylang-ylang son algunos de los muchos que se pueden utilizar.

En todos estos casos, lo ideal es consultar antes con un veterinario, etólogo o especialista en este campo en particular.

 

Evita la exposición directa

Durante eventos donde se espera el uso de petardos, como fiestas o celebraciones, intenta mantener a tu perro en casa, evitar sacarlo a pasear a esas horas y no dejarlo solo en casa.

Poder salir de la zona e ir a un entorno alejado lo más natural posible en el que el perro no escuche o haga una buena gestión de los petardos sería lo ideal. 

 

Desensibilización y contracondicionamiento

Este es un enfoque a largo plazo que puede ayudar a reducir el miedo de tu perro a los petardos. 

Consiste en exponer gradualmente a tu perro a sonidos de petardos a un volumen bajo mientras le das premios y elogios. A medida que tu perro se acostumbra al sonido, puedes aumentar gradualmente el volumen. 

Este proceso debe hacerse de manera gradual y con paciencia. Si desde que llega un cachorro a casa, trabajamos esto diariamente, posiblemente en épocas de espectáculos pirotécnicos el perro tendría mucho menos miedo.

No hay que acordarse del problema cuando ya lo tenemos encima, habría que trabajarlo durante todo el año para poder ayudarles realmente de la manera más eficaz.

 

Consulta con un veterinario o etólogo

Si el miedo de tu perro a los petardos es extremo, puede ser útil hablar con tu veterinario. Ellos pueden recomendar medicamentos ansiolíticos para ayudar a tu perro a sobrellevar los momentos de mayor estrés.

 

En definitiva

Ayudar a tu perro a enfrentar el miedo a los petardos requiere tiempo, paciencia y una combinación de estrategias.

Entender el miedo de tu perro y actuar de manera proactiva puede hacer una gran diferencia en su bienestar durante estos momentos estresantes. 

Con tu apoyo y las herramientas adecuadas, puedes ayudar a tu perro a sentirse más seguro y tranquilo cuando aparecen los temidos petardos.

 

¿Necesitas ayuda personalizada? No te quedes solo con la información del blog. En nuestra sección «¿Cómo trabajamos?« te explicamos paso a paso cómo transformamos la relación con tu perro con sesiones a domicilio y sesiones practicas adaptadas a la necesidad de cada familia.

mordiscos

CACHORROS, MORDISCOS Y DESTROZOS

Los cachorros de los 2 a los 3 meses aproximadamente pasan por una etapa que se caracteriza por el uso de la boca, normalmente mordiscos y destrozos.

El cachorro interactúa con las cosas que tiene a su alrededor, en su entorno más próximo. Es una etapa que muchas familias pasan con muchas molestias puesto que muchas de esas interacciones son mordiscos dirigidos hacia muebles o enseres de la casa y también hacia las personas que conviven con él.

A esta etapa se le denomina ETAPA BUCAL puesto que la mayor característica es que el cachorro comienza a descubrir el mundo que le rodea intercalando a través de la boca. En esta etapa los cachorros sienten la necesidad de morder las cosas que les rodean y además morder cosas vivas y en movimiento.

Si el cachorro en esta etapa no tiene la suerte de estar con su madre y sus hermanos de camada esos bocados irán todos dirigidos única y exclusivamente a las personas que convivan con él y si hay animales en el hogar con los que interactuar también se verán afectados por esta necesidad del cachorro. 

 

PRINCIPALES ERRORES A EVITAR MORDISCOS Y DESTROZOS EN ESTA ETAPA DE CACHORROS

– No dejarle cubrir esas necesidades por miedo a que lo haga siempre o se prolongue excesivamente en el tiempo. 

– Otro error sería desde el primer día repetirle constantemente la palabra “no” cada vez que intenta cubrir esta necesidad.

– No darle al cachorro cosas adecuadas para que pueda morder.

 

¿QUÉ PODEMOS HACER?

Lo primero es entender que cuanto más tranquilo se sienta el cachorro menos mordiscos habránn, en cantidad e intensidad. Esto es importante puesto que muchos cachorros sobreexcitados en casa, dejan de morder en cantidad e intensidad en cuanto se les aporta calma, se sienten más tranquilos y/o más seguros.

Lo segundo sería tratar de cubrir esa necesidad sin que el cachorro suba la intensidad. 

Para ello, tenemos que tener en que los mordiscos se dirigen por un lado a cosas que tiene cerca y por otro lado los dirigidos a nosotros, especialmente pies y manos.

 

MORDISCOS DIRIGIDOS HACIA FAMILIARES:

Lo ideal es no sobreexcitar al cachorro en este juego, cosa que hacemos involuntariamente en ocasiones moviendo la mano y gesticulando en exceso. Para ello podemos dejar la mano blanda, inmóvil sin hacer grandes aspavientos movimientos o usando la fuerza. De este modo suelen controlar bastante los mordiscos y aprenden mejor a regular su fuerza. En ocasiones si nos hace daño o nos molesta podemos comunicárselo y hacérselo saber con una comunicación respetuosa.

Si esto no funcionase podemos colocarnos en la mano un guante de cocina o jardinería, manoplas de este modo nos protegemos la mano durante esta etapa y nos permite cubrir esta necesidad que tienen sin frustraciones, enfados o castigos. Si estos mordiscos se dirigen hacia nuestros pies deberíamos protegerlos con calzado o calcetines, e intentar a través de nuestra interacción, no sobreexcitar al cachorro. Cubriendo esa necesidad con calma y en ocasiones poniendo nosotros fin a la sesión de mordiscos.

 

MORDISCOS DIRIGIDOS HACIA ENSERES DEL HOGAR:

Es vital que el cachorro tenga distintos objetos a su alcance, variados en texturas y durezas, siempre sin llegar a un nivel muy alto de dureza que pueda dañar su dentadura. Cosas naturales, peluches, algún juguete de cuerda, palo de olivo, una tela y alguno de plástico y siempre a ser posible bajo supervisión al principio para ver que no ingiere los trozos que ocasiona mordiendo. De este modo podemos cubrir esa necesidad de morder y descubrir cosas al mismo tiempo que evitamos destrozos indeseados en casa.

Son muchas las personas que tienen miedo de que estos bocados se prolonguen en el tiempo y no son pocos los profesionales que alimentan estos miedos proclamando mensajes ya muy anticuados como: “Si le dejas que te muerda puede convertirse en un perro agresivo” o “Si le dejas ahora morderte, lo hará toda la vida”. Pero la realidad no es esta en la inmensa mayoría de los casos.

La verdad es que si crecen equilibrados, dejan de hacerlo por el simple hecho de madurar adecuadamente. Del mismo modo que un niño deja de chuparse el dedo por el mero hecho de madurar. 

Un niño puede dejar de chuparse el dedo porque lo castigamos o porque madura y deja de hacerlo por sí mismo. Con los perros en esta etapa ocurre igual. Como siempre muchas veces lo que necesitan los perros es tiempo. Tiempo que las personas en ocasiones no tenemos o no queremos.

Sin lugar a dudas, el cachorro crecerá más equilibrado, madurará mejor, tendrá menos estrés, mayor bienestar y nosotros tendremos una mejor relación con él, si en lugar de educarlo con disciplina y exigencias, entendemos porqué hace las cosas y tratamos de cubrir sus necesidades de forma adecuada. Esto sobre todo cobra más relevancia si pensamos que es un animal de menos de 100 días y que lo que hagamos en estas primeras etapas puede marcar su personalidad de por vida.

 

¿Necesitas ayuda personalizada? No te quedes solo con la información del blog. En nuestra sección «¿Cómo trabajamos?« te explicamos paso a paso cómo transformamos la relación con tu perro con sesiones a domicilio y sesiones practicas adaptadas a la necesidad de cada familia.